Los beneficios de consumir frutos secos a diario

Los frutos secos son pequeños bocados con bajo contenido en agua muy buenos para la salud. Consumidos con moderación, en pequeños tentempiés, recargan las pilas rápidamente. Son un auténtico placer para el paladar y una fuente de energía nada desdeñable.

Ricas en vitamina A, oligoelementos (magnesio, calcio y fósforo) y grasas (lípidos), existen cientos de ellas. Entonces, ¿cómo reconocerlas?

 La clasificación de los frutos secos

Los frutos secos no solo incluyen las frutas deshidratadas. También incluyen los frutos secos y una gran variedad de semillas. En la jerga alimentaria, se denominan «oleaginosas». También se refieren a todos los alimentos vegetales con una base oleosa.

 En esencia, se trata de nueces, pistachos, semillas de calabaza, almendras (que puede encontrar en nuestro amlou) o piñones...

Pero también plátanos secos, ciruelas pasas, coco rallado...

 La lista es larga. Los nutricionistas recomiendan su consumo para contrarrestar el exceso de grasas malas.

 ¿Por qué debemos darles prioridad en nuestra alimentación?

  Los frutos secos oleaginosos están repletos de proteínas y grasas de origen vegetal. La alimentación europea se caracteriza por un consumo excesivo de carne y productos lácteos. Sin embargo, las grasas procedentes de estos alimentos son muy perjudiciales. Este aporte excesivo de ácidos grasos es la causa del aumento de los problemas cardiovasculares y del sobrepeso. Por el contrario, una dieta controlada en frutos secos reequilibra las dosis de macronutrientes. De hecho, los lípidos vegetales presentes en los frutos secos son ácidos grasos insaturados. Son los que el organismo necesita para regular el tránsito intestinal. Pero también son los que el cuerpo necesita y debe asimilar (omega 3, 6 y 9).

Innumerables beneficios para la salud

Los frutos secos permiten saciar el hambre. Desempeñan un papel fundamental en la saciedad. Su consumo inteligente durante una comida reequilibra de forma inteligente el aporte calórico diario. Además, tienen una función preventiva para la salud. Regulan perfectamente el nivel de glucosa en sangre. Su acción contra el colesterol malo está demostrada. Además de reducir el apetito, son excelentes y previenen ciertos tipos de cáncer. Sin embargo, hay un pequeño inconveniente. Algunos frutos secos son alérgenos y pueden no ser tolerados por todas las personas.

¿Cómo integrar de forma inteligente las semillas y los frutos secos en los platos?

 Si no se le da bien cocinar, lo mejor es incorporarlos estratégicamente en comidas sanas y equilibradas.

Las ensaladas son el plato ideal para disfrutar de los cócteles oleaginosos. Ya sean semillas de calabaza, piñones o nueces de todo tipo, estas fuentes de fibra son una delicia y realzan el sabor de las verduras que las acompañan.

 En algunas culturas, como en el Magreb, es habitual mezclar, además de la sémola, verduras y carne, toda una serie de frutos secos que decoran los platos. Es el caso de los albaricoques secos y las pasas en el cuscús o las almendras en los tajines.

 En los postres dulces, es perfectamente posible usar el sentido común incorporando avellanas o nueces de macadamia.

 En resumen, los frutos secos son excelentes para la salud. Recuerde consumirlos con moderación o en momentos específicos. 

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